Mi corazón late de alegría en pensar que está
destinado a la sentencia que me has impuesto.
Había sido una lucha silenciosa y viva,
como aquella en la que un amigo enarbola su bandera
junto a la mía, renaciendo diariamente.
Si, ya basta de negarme a lo que ambos deseamos:
la libertad de amar. Y te digo lo que muchas veces pensé:
seremos dichosos, y nunca olvidaremosque somos mutuamente,
el gran amor de nuestras vidas.
Autor
Cele Donzell


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